viernes, 14 de marzo de 2025

Una pandemia, una enseñanza digital y una sociedad aislada. ¿Qué papel jugaron las TIC durante la pandemia?

Hoy hace 5 años que comenzó uno de los acontecimientos con mayor impacto de la última década: la pandemia del Covid 19. Es por eso, que llevo unos días reflexionando en torno a cómo este suceso acarreó una serie de consecuencias y cambios muy significativos. ¿Cómo afectó la pandemia en el área social? ¿Y en la emocional? ¿Qué papel jugó la tecnología digital en el periodo del confinamiento? ¿La enseñanza digital fue una excepción o un primer contacto de lo que podría ser el futuro de la educación?

Pues bien, por todos y todas es sabido que la pandemia supuso un antes y un después en la forma de relacionarse, bien sea por las nuevas formas de relacionarse que surgieron o por la carencia que se dio en cuestiones sociales, así como en las habilidades sociales o en la presencialidad y socialización que nos caracteriza a los seres humanos. Asimismo, en un sentido educativo también se dio un cambio repentino y radical: la llegada de la enseñanza online. 

Con respecto a las formas de relacionarse, la comunicación y las relaciones pasaron de ser presenciales y cara a cara a darse por vía digital. Recursos como las llamadas, las videollamadas y las redes sociales pasaron a ser los principales soportes de interacción. Pero, es este tipo de comunicación equiparable a la comunicación física y presencial? Diría que no, en absoluto. Todavía recuerdo la sensación de vacío que se apoderaba de mí al recordar que no podía abrazar a mis seres queridos, que no podía compartir los mismos espacios que ellos y que, la única forma de comunicarme con ellos era a través de una pantalla. 

En lo referente a la educación, pese a que en lo que a la entrega de tareas respecta, considero que me adapté con facilidad a esa nueva situación, solo de pensar en aquellas clases que impartían los y las docentes mediante videollamadas en las que el sonido fallaba, solo se escuchaba la voz entrecortada de un profesor o profesora que se encontraba prácticamente sola hablando a una pantalla en la que con suerte podía ver a algún alumno o alumna que optaba por encender la cámara y en la que el aprendizaje era un proceso complicado, recuerdo los motivos por los que como futura pedagoga abogaré por el proceso de enseñanza-aprendizaje presencial. Por no hablar de las desigualdades que este acontecimiento pudo generar, ya que, el proceso educativo de muchos alumnos y alumnas se pudo ver obstaculizado por la falta de dispositivos digitales en sus hogares, pues ¿Qué hay de todas aquellas familias que no disponen de recursos económicos o tecnológicos como un ordenador? 

Por otro lado, el confinamiento, como todo, fue una vivencia muy subjetiva, pues según a quién se le pregunte, esta se vivió de una forma o de otra. En mi experiencia personal, fue una oportunidad para conocer nuevas aficiones, además de para fomentar las aficiones que ya tenía por aquel entonces, así como la lectura o el piano. Siguiendo con las nuevas aficiones, recuerdo que en mi barrio esta situación tan inquietante y desconcertante en un primer comienzo, se tornó de pronto en un nexo de unión de comunidad. Así pues, entre los vecinos y vecinas del barrio en el que resido, se diseñó un programa de actividades diarias que se llevaban a cabo en las ventanas y balcones de la plaza. Entre otras, se jugaba diariamente al bingo, se realizaban conciertos por parte de los músicos de la zona y se celebraban tardes de fiesta con disfraces y música incluidas. Todo ello hizo del confinamiento una situación más llevadera y entretenida, además de una oportunidad para conocer a muchas vecinas y vecinos que eran desconocidos para mí. Por si fuera de vuestro interés, procedo a hipervincular el enlace de un breve artículo que tiene por nombre «Andra Mari Plaza Forever», así pasamos la cuarentena, el cual trata sobre esta iniciativa y va acompañado de un vídeo en el que se muestran algunas de las actividades mencionadas.

Dentro del área de las aficiones, también citaría el aprendizaje de idiomas y de habilidades culinarias, ya que recuerdo que algunas de mis amigas y yo comenzamos a interesarnos en aprender nuevos idiomas y en aprender a cocinar nuevas recetas. En definitiva, pese a todos los aspectos negativos que tuvo esta etapa, me considero una persona optimista y también creo conveniente apreciar los aspectos positivos de esta desagradable situación. Al fin y al cabo, sacar aprendizajes de las vivencias no tan positivas también es muy importante, y creo que en mi caso, mis aprendizajes más significativos fueron el aprender a valorar más la posibilidad de comunicarnos física y directamente con las personas, valorar más el lujo que tenemos de asistir de forma física a los centros educativos y el poder así llevar a cabo el proceso educativo de forma presencial, gozando de las interacciones humanas que nos caracterizan, entre otros muchos aprendizajes que obtuve.

Sin embargo, la cuarentena terminó y poco a poco volvimos a la "normalidad". Y aunque el término adecuado sería más bien "la nueva normalidad", si algo rescatamos de la antigua normalidad fue una cosa: la presencialidad en las aulas, por supuesto, acompañada de la digitalización y de recursos y herramientas que fueron surgiendo. Así que, aunque este acontecimiento pudiera parecer el comienzo de una nueva modalidad de enseñanza-aprendizaje o de comunicación, solo quedó en una moraleja: las TIC pueden favorecer de alguna forma la comunicación o dotar a la educación de recursos variados, mas no pueden sustituir la presencialidad y la interacción que caracteriza al proceso educativo.

¿Cómo vivisteis vosotros y vosotras este acontecimiento? Dejádmelo por los comentarios.

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