En la publicación de hoy me gustaría hablar de una de las competencias más importantes a mi parecer y que, por desgracia, mayor deterioro está sufriendo: la comprensión lectora. En el último informe PISA, cuyo trabajo de campo se realizó en 2022 y cuyo informe se publicó en 2023, se refleja esta triste realidad. Este estudio, centrado en medir, entre otras, las competencias lectoras, matemáticas y científicas, mostró el innegable declive que sufrió la competencia lectora en España, tal y como se puede observar en la imagen situada a la derecha.
Es conveniente señalar que en el documento también se matiza que el uso de las TIC durante el periodo de confinamiento no fue un factor determinante que explique las diferencias dadas en los resultados académicos del país durante la pandemia. Sin embargo, a mí me genera una duda: A pesar de no catalogarlo como factor clave, ¿Qué relación mantiene la tecnología digital con la comprensión lectora?
Pues bien, a lo largo de esta entrada me gustaría hablar sobre cómo creo que afecta la digitalización y el auge de las TIC en esta competencia. Para ello, primeramente me gustaría citar una expresión que para mí da con una de las claves en esta carencia que se está produciendo en la actualidad. La expresión en cuestión es la siguiente: "El contenido de un libro no está en la lectura, está en la reflexión. Pero para poder reflexionar se necesita una conversación". Esta frase pertenece al chileno Humberto Maturana, filósofo, biólogo y escritor que también trabajó como docente en la Universidad. Esta expresión la he extraído de una entrevista que realizó en torno al conflicto que surge en las lecturas que realizan los niños y niñas y en cómo se puede mejorar la comprensión de estas y que fue facilitado por la docente de la asignatura. Por si fuera de vuestro a interés, procedo a hipervincular el enlace al extracto de la entrevista en cuestión.
La expresión que utiliza y las ideas que manifiesta en la entrevista me parecen muy interesantes y llenas de veracidad. Tras escuchar su testimonio, mi memoria me ha trasladado casi de forma automática a mi infancia. Todavía recuerdo todas aquellas veces en las que se me asignaba la tarea de leer un texto o un libro y durante las primeras veces, su comprensión me resultaba una tarea algo compleja. Sin embargo, tras su lectura procedía a comentar lo leído con mi madre, y tras unos minutos de reflexión junto a ella, interiorizaba y comprendía mucho mejor el contenido de este. Lo mismo me ocurría en la etapa de la adolescencia, cuando debíamos realizar lecturas de determinados libros, que muchas veces no eran de nuestro interés, para hacer un posterior examen sobre este. Aún recuerdo que muchas veces llegábamos con la comprensión de la trama a medias y tras comentarla y recordarla entre compañeros y compañeras, había ideas que habíamos pasado por alto o comprendíamos mucho mejor algunos aspectos que no terminábamos de captar. Y es por eso que creo que el proceso de reflexión y de diálogo tras cualquier lectura, sobre todo durante las primeras etapas de la niñez, es crucial para conocer y dominar el contenido de dicha lectura.
Y ya no solo me refiero a aquellas lecturas de novelas que se limitan a contar una historia y tienen un final cerrado, sino también a aquellos libros de reflexión y de libre interpretación que no cuentan con una historia cerrada y denotativa. Es por ello que creo oportuno hacer alusión a una dinámica propuesta por la docente que muestra la autenticidad de la idea expresada por Humberto Maturana: la lectura trenzada. Hablaré sobre esta dinámica en próximas entradas, no obstante, creo conveniente explicar brevemente en qué consiste. Pues bien, esta sesión se centra en el intercambio de ideas y de reflexiones entre 3 personas en torno a la lectura del libro que haya escogido cada una de ellas, con ayuda de una ficha técnica en la que se plantean ideas y aprendizajes tras su lectura, citas extraídas de la propia obra y finalmente, unas preguntas retóricas que pueden ayudar a conocer la opinión del resto de los integrantes. Asimismo, otro de los quehaceres durante este encuentro es el de encontrar similitudes y vínculos entre las tres obras, con el fin de establecer conexiones entre unas ideas y otras. En definitiva, la actividad idónea para co-construir el conocimiento y mejorar la comprensión del contenido de los libros escogidos.
Pero, hablemos del conocimiento, ese conjunto de saberes y de valores, que se ha transmitido mediante diversas vías (oral o escrita, como los debates o los libros) y guardado durante años y años como lo que es: un tesoro. Entonces, este conocimiento puede transmitirse, construirse o co-construirse. ¿Cómo? Pues, uno de los medios a mi parecer más enriquecedores es mediante el diálogo. Para ello, los debates y las tertulias en grupo se convierten en herramientas imprescindibles.
Sin embargo, el siguiente paso tras generar o construir dicho conocimiento es el de retenerlo. Y, ¿cómo preservarlo? Pues, pese a que gocemos de buena memoria, uno de los medios más antiguos para conservar estos saberes es el de los libros. Y, ¿dónde guardar estos libros? En el mayor refugio de conocimiento existente: las bibliotecas. Esos lugares que cada vez menos frecuentados por desgracia tras la creación de la tecnología digital, lugar en el que también reside todo el conocimiento acumulado. Hace relativamente poco, la docente nos mostró un extracto de la película Ágora, película que tuve la oportunidad de ver durante mi estancia en el instituto. ¿Y, por qué traigo este fragmento al blog? Porque creo que muestra la importancia que ya por aquel entonces otorgaba la población a la biblioteca de Alejandría y nos transmite un mensaje de suma relevancia: debemos valorar y cuidar estos templos llenos de todo el conocimiento preservado durante tanto tiempo.
Y ahora bien, ¿Cómo influye la tecnología digital en la comprensión de los libros y de los textos? Pues creo que depende de la lupa con la que se mire.
Por un lado, las TIC, tal y como su propio nombre indica, son tecnologías que facilitan la información y la comunicación. En este sentido, estas herramientas (como Internet o las redes sociales) facilitan y proporcionan acceso a la información publicada a la población, además de posibilitar la comunicación a nivel internacional. Por ejemplo, ¿Necesitamos buscar información acerca de una obra? ¿Necesitamos leer la obra en cuestión? ¿Nos interesa leer reseñas o visitar foros en los que se plasmen reflexiones acerca de lo leído? No hay problema, la red nos posibilita todas estas acciones y, además, en muchos casos, de forma gratuita.
Pero ahora bien, no todo son ventajas, pues la otra cara de la moneda también es que, la inmediatez que esta nos proporciona, el enganche de sus estímulos y la forma en la que nos estamos acostumbrando (casi sin darnos cuenta) a consumir contenido breve, simple y en muchos casos, banal, está acarreando que nuestra capacidad para focalizar nuestra atención en una lectura con diálogos y tramas complejas, páginas con pocos estímulos visuales (como imágenes, vídeos o una amplia gama de colores vivos o en movimiento) se esté tornando en un ejercicio realmente complicado. No me cabe duda de que la llamada "multitarea" está jugando un papel determinante en la decadencia de la capacidad lectora, pues realizar más de una actividad al mismo tiempo conlleva que las actividades, como puede ser la lectura de un texto, se quede en un plano más superficial y no podamos adentrarnos o profundizar en el contenido de este. Sin embargo, considero que este es un tema que no puede abordarse de forma tan superficial, y es por eso que realizaré otra entrada reflexionando en profundidad sobre esto.
Además, las TIC proporcionan más facilidades e instrumentos para agilizar cualquier proceso, ya sea de búsqueda o de trabajo. Por ejemplo, ¿debemos leer un artículo extenso con el fin de buscar la respuesta a alguna pregunta? No hay problema, mediante algo tan sencillo como la combinación de teclas "Control + F", podemos buscar la palabra o expresión clave, lo cual suprime la necesidad de tener que leer todo el documento y comprenderlo para poder responder a dicha cuestión. ¿Debemos resumir un texto de gran longitud? Tampoco hay ningún inconveniente, la Inteligencia Artificial puede ayudarnos con eso.
Así que, en definitiva, considero que es crucial realizar una lectura crítica de la situación en la que nos encontramos y el rumbo o dirección a la que nos dirigimos, si queremos conocer cómo poder cubrir y erradicar esta carencia antes de que la situación se agrave todavía más. Porque de no ser así, perderemos una de las cualidades más importantes del ser humano: la capacidad de comprender el mundo que nos rodea.
